Avance y Progreso

Siempre se ha dicho que las mujeres somos buenas para conversar – expresar nuestras opiniones – y más locuaces que los hombres. Sin embargo, esta creencia no ha ido a la par con el reconocimiento público o el derecho a ejercer nuestro talento innato. Por el contrario, hemos sido objeto de censura, burla, o indiferencia.


Las palabras pueden hacer un gran bien, o causar mucho daño dependiendo de diversos factores: las que elegimos decir, el momento escogido, la persona a la que se las decimos, y la forma de decirlas. Debemos tener en cuenta todos estos elementos al comunicarnos con otros. Así, por ejemplo hace mucho tiempo que ya no escuchamos en el discurso público conceptos y expresiones ofensivas hacia las mujeres. Hasta hace un par de décadas era “normal”, frecuente, y socialmente aceptado decir y escuchar cosas como “calladita se ve más bonita” aludiendo a la poca importancia y falta de legitimidad de las opiniones de una mujer. Es importante que saquemos la voz para influir en las decisiones que se toman en la sociedad y al interior de las familias.

Las mujeres tenemos mucho que decir en cuanto a políticas gubernamentales, educacionales, de salud y justicia. Nuestro análisis y óptica son muy valiosos. Afortunadamente, esta práctica de escuchar la voz femenina está siendo cada vez más patente en la interacción humana.


Una idea que se ha repetido mucho – casi con orgullo – es aquello de que “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”. ¿Por qué “detrás”? ¿No puede ser al lado de? Lo que está detrás está en la sombra, en segundo plano. Aquí hay dos significados ocultos: la mujer siempre debe estar detrás y, nunca podrá brillar por si sola. Indudablemente es un concepto errado. Numerosos padres le dijeron a sus hijas “¿pero cómo vas a estudiar eso, si es de hombres?” influenciados tal vez por la presión social o por la crianza restrictiva que tuvieron y que les llevaba a pensar que su hija lo iba a pasar muy mal en un campo laboral tradicionalmente masculino.


En el Derecho, y los textos legales antiguos, se habla de “las labores del sexo” dando por hecho que toda persona entendía que se refería a las únicas actividades que debía realizar una mujer al interior de su casa: limpiar, cocinar, atender al marido, y cuidar a los niños. Es una expresión que veía a la mujer como un ser humano incapaz de pensar, estudiar, y trabajar fuera del hogar: alguien muy limitado.


En las últimas décadas las mujeres somos solteras, casadas o divorciadas. Ya se eliminó la palabra “solterona” que denosta a una mujer y la etiqueta como una persona que no logró crearse una identidad a partir de un vínculo legal con un hombre. Es un concepto injusto y terrible.


Las mujeres hemos avanzado mucho en la sociedad en los últimos 50 años en cuanto a derechos legales, participación social, y discurso público. De eso no cabe duda. Asimismo, queda aún un camino por recorrer para conseguir más logros en distintos ámbitos tanto público como privado. El uso del lenguaje correcto en forma consciente ayuda enormemente día a día en el logro de un objetivo común: el respeto, que es la base de la convivencia en sociedad. Los

hombres son – y deben ser – nuestros compañeros y aliados en la vida para que juntos construyamos un mundo mejor. Hombres y mujeres nos necesitamos y complementamos.


Pienso que las mujeres debemos ser como las estrellas: todas brillan y ninguna opaca a la otra.


¡Feliz día de la mujer!



Gerti Bargsted

Neurolingüista Master PNL

www.nlroma.com

@gertineurolinguistica

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